Hay momentos en la vida que nos hacen estremecer, gritar, incluso sentir que el corazón va tan rápido que no podrá más y que en cualquier momento se parará. Los que tenemos hijos sabemos de ese tipo de momentos. Recuerdo como si fuera ahora y ya Amelia (mi hija mayor) tienen 8 años, aquel día que se cayó de la cama. Era solo una beba, quizás cuatro meses, y yo, mamá recién estrenada tenía mucha ropa que guardar y acosté a mi hija en mi cama, justo en el centro por precaución y algunos cojines alrededor, también por precaución. Estando de espalda a ella, poniendo cada pieza de ropa en las gavetas, sentí el fuerte golpe, no me había dado la vuelta aun y ya sabía que ese sonido había sido la cabeza de mi hija contra el suelo. Es que ahora mismo, escribiendo esto me vuelve a invadir ese dolor y ese sentimiento de culpa, no tan latente como en ese instante, pero ahí está, como una punzada.
Corrí hacia ella que lloraba en el suelo y yo sentí que el mundo se me acababa y que era la peor madre de todas. Nada ni nadie nos prepara para ese tipo de momentos y cuando tienes hijos y son traviesos, pues ocurren frecuentes y llegamos a aceptar que ya viviremos preocupadas el resto de nuestras vidas.
Ya con mi hijita en brazos y las dos ahogadas en llanto, le revisé cada pedacito de su cuerpo y agradecí al universo que todo estaba bien. Aquello duró quizás un minuto o menos y por los gritos llegó mi esposo (que es enfermero), no tuvo que preguntar que había ocurrido porque yo le gritaba…
-HAY JOTA, SE ME CAYÓ LA NIÑA-
Mi esposo después de calmarnos a las dos me dijo que no me podía poner así porque ese era solo el primer susto de muchos y sí que tuvo razón. En los 8 años que tiene Amelia nos ha dado buenos sustos. Con dos años y medios se me perdió dentro de una tienda por cinco minutos y esos han sido los cinco minutos más largos y dolorosos de mi vida. No les voy a describir todos los horrores que pasaron por mi cabeza de pensar que nunca más la vería, pero luego ahí estaba ella, sonriente y como si nada hubiera pasado y yo con ganas de no se que. Recientemente en un hotel México, mientras bajábamos en el ascensor, se molesto y cuando todos salimos, ella se quedó dentro y subió otra vez. Al abrirse las puertas y ver que no estaba me dije otra vez no, no…. Yo me quedé en el mismo lugar, por si regresaba, pero mi esposo se fue a cada piso a buscarla hasta que tuvimos que llamar a seguridad y resulta que ya ella había buscado ayuda y la tenían comiendo pastel de chocolate en uno de los restaurantes del hotel y yo muriéndome.
Les cuento todo esto porque ayer lo volví a vivir, pero esta vez con Alan (mi hijo menor) y una vez más afirmé que esos momentos que te paran el corazón son parte de la vida y que no importa cuanto control trates de tener sobre tus hijos o sobre ti. No importa cuanto los protejas y cuanto te esfuerces porque no se hagan ni un rasguño, la vida se encarga de dejar sus marcas.
Algo he aprendido yo con todo esto, es imposible que podamos pronosticar todo en la vida de nuestros hijos, pero si es posible que estemos preparados. En casa, trata de acomodar todo cuando tienes hijos pequeños, sobre todo si están en esa etapa de gatear y aprendiendo a caminar. Ponle protectores a los enchufes de la electricidad. Cierra los gabinetes que contengan productos peligrosos para ello. Te aconsejo que pases el curso de reanimación cardiopulmonar (RCP) es una técnica que salva vidas y es útil en muchas emergencias, como un ataque cardíaco o de ahogamiento y aun así mamá y papá, pasamos muchos sustos durante nuestra cosecha.
Un abrazo inmenso de Elisa



Alan después de un golpe Cerraduras para gabinetes Protectores para enchufes

Muchas gracias por compartir tus historias
Me gustaLe gusta a 1 persona